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divendres, 23 d’octubre de 2009

Esperando a Verónica

Después de tanto meditar, por fín se decidió a hacerlo. sabía que había una pequeña posibilidad de que la leyenda fuera cierta, pero solamente era eso: una leyenda; un cuento que lo exagera todo para crear expectación, para que no te aventures a comprobarla y ver que todo no es más que una mentira.
Pero... ¿ y todas esas personas que aseguran haberla visto? muchas, del propio miedo, exageran las cosas, otras son unas farsantes; gente que se divierte burlándose de los demás.
Pero se decidió a hacerlo.....


Colocó velas bajo el espejo de su habitación, apagó la luz de la pequeña lámpara de la vieja mesita de noche y se ubicó delante del dichoso espejo.
Para que ella apareciera, ¿ era necesario desnudarse tal y como aseguran los más entendidos? aquellas personas que se aventuraron a hacerlo, ¿ estaban vestidas? ¿ se informaron bien de cómo hacerlo?.
Cogió aire y respiró lentamente. Otra duda acechaba su mente: ¿ cuántas veces había que pronunciar su nombre? ¿ 3 ó 9? varias personas que la invocaron, pronunciaron 3 veces su nombre... otras 9 veces. ¿ qué era cierto? ¿ de verdad importaba las veces que la llamabas? ¿ qué tiene que ver?.
¿Estaría ella esperando a que la llamara 9 veces? ¿ 3 ?
¿ Y por qué a las doce de la noche? hay quien la invocó en la tarde y asegura que la vió.... ¿ no será que las leyendas se deterioran cuando van de boca en boca, apareciendo con partes nuevas?
Miró el reloj, eran las 00.00. Miró al espejo y dijo:
Verónica, Verónica, Verónica, Verónica, Verónica, Verónica, Verónica, Verónica, Verónica.
Esperó. no pasó nada. Ni vió la cara de ella, ni vió su muerte, su futuro... nada.
Esperó más rato. nada.
Tal vez verónica estaba ocupada en otros asuntos, tal vez estaba reunida con la chica de la curva, conspirando contra los vivos.
Esperó, esperó, esperó.
Pasaron los dias, las semanas, los meses..... y Verónica no aparecía. tal vez tenía que pronunciar su nombre tres veces...


Al cabo de un tiempo, aburrida, decidió comprobar otra leyenda urbana, otras historias.. pero se paró a pensar un segundo: ¿ de verdad valía la pena?.
No. Cogío la bicicleta y salió a la calle, entrar en contacto con la realidad...
Vale más la pena vivir el día a día , que no a esperar a Verónica.
Salu2